La morosidad es uno de los grandes males a los que debe enfrentarse cualquier pyme en España. Y si hasta ahora, era un mal grave que las empresas trataban de capear como podían. Ahora, con la pandemia y el parón económico del país, se prevé que el índice de morosidad se eleve substancialmente.

Si echamos un vistazo al XII Estudio de la Gestión de Riesgo de Crédito en España elaborado por Iberinform descubriremos que un gran nombre de las empresas encuestadas (una muestra de 600 profesionales), aceptan los impagos hasta un máximo de 90 días. Cabe remarcar que, existe una Ley de Morosidad que desde 2013 fija unos plazos máximos de pago en las operaciones comerciales de 60 días para empresas privadas y de 30 días para las Administraciones Públicas. Aun así, hay hasta un 35% de estos profesionales que consideran que un cliente es moroso solamente cuando han pasado 90 días del plazo de vencimiento. El 19% de los encuestados esperan 60 días, el 32% no demora más de 30 días en considerar al cliente moroso y solo un 14% considera que el cliente está en mora si a fecha de vencimiento la factura no ha sido pagada.

Gráfico crédito en mora
Fuente: Iberinform

La aceptación de la morosidad es un problema cultural que atañe muchos riesgos para las empresas, sobre todo las pymes. En 2019 el 32% de las empresas de la muestra habían sufrido algún impago significativo en el último año. Aunque muchas empresas capean el temporal como pueden asumiendo el incremento de costes financieros (25%) o la pérdida de ingresos (28%), una parte ve amenazada su continuidad (5%). 

Gráfico consecuancias morosidad
Fuente: Iberinform

Quienes se llevan la peor parte son las pymes. Su menor tamaño les hace más vulnerables pues no tienen recursos para tener una buena estrategia de credit management. Sin este profesional que ayuda a acelerar el cobro de las cuentas de los clientes e impedir los impagos. No obstante, para minimizar tanto como sea posible el efecto de los impagos en la empresa, hay una serie de acciones que las pymes pueden tomar.

Evaluar el riesgo de crédito de cada posible cliente

Cuando tu equipo comercial está haciendo prospección de mercado para encontrar nuevos clientes o proveedores, no sólo se debe evaluar el producto o servicio que pueda ofrecer esta empresa y el beneficio que aporta a tu empresa, sino la solvencia de esta empresa. En cualquier trato comercial, las empresas deberán evaluar el riesgo de crédito. Es decir, si es una empresa con muchas deudas, el tiempo de demora en los cobros y otros indicativos. Para ello, hay que acudir al Registro Mercantil y comprobar la Cuentas Anuales que haya depositado en los años anteriores y ver si está dentro de alguna “lista negra”. 

Redactar un contrato con las condiciones muy claras

Las relaciones contractuales deben estar bien definidas en los contratos que vinculan a las empresas. Eso incluye, evidentemente, fijar las normas y condiciones de pago. En este sentido, es muy importante indicar el plazo de pago, los mecanismos de cobro y las penalizaciones y recargos en caso de impago, así como los métodos de pago que se van a aplicar. 

Enviar las facturas sin demora

Si quieres que el cliente te pague cuanto antes, apresúrate a enviarle la factura de tus servicios para que pueda hacer el pago en el plazo convenido. Además, según la Agencia Tributaria, si la Factura es emitida a otro Autónomo o Empresa, el plazo de expedición de la Factura no puede superar al día 16 del mes siguiente al que se ha producido la operación o servicio.

Estudiar el comportamiento financiero del cliente

Cada cliente tiene su historial y deberás hacer un buen seguimiento de éste, mes a mes, para evaluar su comportamiento financiero y poder prever posibles impagos. Este histórico constará de una base de datos con todas las facturas emitidas. Hay muchas herramientas que funcionan muy bien y que además te ayudan a determinar la rentabilidad de un cliente.

Enviar recordatorios de pago

Aunque para algunos sea una táctica un poco intrusiva y pesada, es aconsejable que podamos enviar recordatorios de pago los días anteriores a la fecha de pago. No sea que alguno de los clientes se le olvide la fecha límite. Mediante la automatización es fácil poder hacer este seguimiento.

El Comité de riesgos

Todas estas prácticas son el mínimo que cualquier empresa puede -y debe- hacer para controlar bien los pagos de sus clientes y proveedores. Luego está la figura del Credit Management, quien se preocupa y ocupa de evitar que los impagos de los clientes afecten a las finanzas de la empresa. Normalmente, las grandes empresas disponen de un Comité de riesgos, encargado de estudiar las amenazas externas e internas que pueden afectar a la empresa, especialmente en el análisis y toma de decisiones para la gestión de riesgos. Cabe destacar que según el informe de Iberform en el 2019 sólo el 22% de las empresas cuentan con este órgano. 

El Comité de riesgos suele estar compuesto por un gerente de riesgos, quien pone en marcha los acuerdos del comité, el director de finanzas. Un auditor interno, que estudia los procesos internos de la empresa para prever cualquier fallo y miembros independientes de otras áreas. Entre todos deberán de:

  • Determinar los límites de tolerancia para evitar escenarios de alto riesgo.
  • Desarrollar planes de contingencia para situaciones extremes como, por ejemplo, una desaceleración económica.
  • Fomentar una cultura corporativa de riesgos. 
  • Supervisar las acciones de prevención y el cumplimiento de sus objetivos. 
  • Recibir información de los peligros que se enfrentan en cada área de la empresa y determinar los riesgos que puedan asumir.

Tanto sea desde unos mínimos como soportado por un comité de riesgos, la gestión del riesgo de crédito comercial debe ser algo intrínseco, cultural, en todas las empresas. No solo como algo a lo que recurrir cuando la morosidad se dispara.